El reno que no quería volar
En el Polo Norte, donde vive Papá Noel, había un reno llamado Rodolfo. Era un reno muy especial, con una nariz roja y brillante como un farol. Pero a Rodolfo no le gustaba volar. Prefería quedarse en el suelo, comiendo hierba y jugando con los otros renos.
Cuando llegaba la Navidad, todos los renos se preparaban para tirar del trineo de Papá Noel. Pero Rodolfo siempre se escondía. No quería que lo vieran y lo obligaran a volar.
Una noche, mientras los demás renos se preparaban para salir, Papá Noel encontró a Rodolfo escondido detrás de un iglú.
—Rodolfo, ¿por qué no quieres volar? —le preguntó con cariño.
—Tengo miedo, Papá Noel —confesó Rodolfo—. No me gusta estar tan alto.
Papá Noel sonrió y le dijo: —No te preocupes, Rodolfo. Volar es muy divertido. Además, tu nariz es muy especial y nos ayuda mucho a guiarnos en la noche.
Rodolfo lo pensó un momento. Quizás Papá Noel tenía razón. Respiró hondo y se unió a los otros renos. Al principio se sintió un poco nervioso, pero cuando sintió el viento en su cara y vio todas las luces de las casas desde el cielo, se dio cuenta de que volar era increíble.
Esa noche, Rodolfo se convirtió en el reno más famoso del Polo Norte. Gracias a su nariz brillante, pudieron entregar todos los regalos a tiempo. Y desde entonces, Rodolfo nunca más tuvo miedo de volar.
Comentarios
Publicar un comentario